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apunte feminista

"La única manera de caminar para el ejercicio de la libertad es caminar dentro de ella.”

LA ÉTICA AMOROSA EN EL LEGADO DE SIMONE DE BEAUVOIR

Anel Flores Cruz

amorrbelde

 

Sábado 25 de septiembre

 

La ventana estaba a oscuras. Me lo esperaba. Antes —¿antes de qué?—, cuando por excepción yo salía sin Maurice, al volver había siempre un rayo de luz entre las cortinas rojas. Yo subía los dos pisos corriendo, tocaba el timbre, demasiado impaciente como para buscar mi llave. Subí sin correr, metí la llave en la cerradura ¡Qué vacío estaba el departamento! ¡Qué vacío está! Evidentemente, puesto que no hay nadie adentro.

 

Este es un fragmento de La mujer rota (1968), una de tres narraciones que constituye el libro de igual título escrito por Simone de Beauvoir; quizá uno de los más editados en Latinoamérica, y paradójicamente de los menos elogiados por estudiosas y estudiosos del legado de Beauvoir, escritora y filosofa francesa considerada como uno de los pilares del pensamiento feminista contemporáneo.

 

Monique, personaje principal en La mujer rota, es una mujer burguesa de más de cuarenta años de edad que tras regresar de vacaciones se entera que su pareja, Maurice, ama a Noéllie, su compañera de trabajo. A partir de este hecho, Monique, situada en la orfandad, describe en su diario el paroxístico dolor de la desolación y el despojo de la mujer que habitó desde hace veintidós años cuando renunció a sus estudios para casarse con Maurice, un médico reconocido: virtuosa ama de casa, madre de dos hijas adultas y esposa conferida en tiempo y cuerpo al amor. ¿Hizo algo mal?

 

Por fortuna, Simone de Beauvoir no pretendía ofrecer con este relato alguna lección moralizante, al menos no desde una moral patriarcal, ni mucho menos este título se perfila como libro de autoayuda; no obstante, sus recursos retóricos lo configuran un texto que en su contenido dice todo lo que una mujer enamorada no debe hacer.

 

Dos décadas antes de La mujer rota, Simone de Beauvoir ya había argumentado en El segundo sexo (1949), una de las obras más icónicas en la tercera ola del feminismo, que la palabra “amor” tiene distinto sentido para una mujer y un hombre, por ello los serios inconvenientes que suelen separarlos. Mientras el amor es en la vida de un hombre una ocupación, para las mujeres es un objetivo de vida, un acto de fe.

 

La suerte del hombre es que lo obligan a lanzarse por caminos más arduos, pero más seguros; la desgracia de la mujer es estar rodeada de tentaciones casi irresistibles; todo la incita a seguir por el camino más fácil: en lugar de invitarla a luchar por su cuenta, le dicen que se deje llevar. Cuando comprende que ha sido víctima de un engaño, ya es demasiado tarde, pues se ha agotado en esta aventura. (…) la mujer busca en su amante la imagen de un padre, pero éste deslumbraba a la niña porque es un hombre y no porque es el padre, y todo hombre participa de esta magia. La mujer no anhela reencarnar un individuo en otro, sino revivir una situación: la que conoció siendo pequeña.

 

Simone de Beauvoir creó en El segundo sexo nuevas categorías para explicar el amor de las mujeres desde la falta de libertad y de la experiencia subjetiva que se instala en la creencia de que la realización personal se encuentra en la unión a un hombre concebido con mayor importancia que una misma.

 

La mujer al asumirse como lo no esencial y aceptar una total dependencia, se crea un infierno. Toda enamorada se reconoce en la sirenita de Andersen que después de cambiar el amor su cauda por unas piernas de mujer, camina sobre agujas y carbones ardientes. No es verdad que el hombre amado es incondicionalmente necesario y que ella no le es necesaria; no está al alcance de él justificar a aquella que se consagra a su culto, y no se deja poseer por ella.

 

No amar no es una opción. Simone de Beauvoir tenía muy claro que para las mujeres la mejor manera de amar es amar en libertad, por ello, el amor debería asumir la contingencia del otro, es decir, sus carencias y sus limitaciones. Pretender ser una salvación es un error. Beauvoir planteó que mientras las mujeres no construyamos los contenidos de nuestra libertad y vivamos desde “el yo misma”, no podemos amar libres ni aspirar al amor en libertad. Es, en cierto modo, ser egoístas, aunque para la moral patriarcal esto sea reprobable para las mujeres.

 

Quizá lo más fascinante del universo beauvoriano es que a lo largo de sus publicaciones la autora construye en cada título, y como resultado de la vida compartida con su compañero Jean Paul Sartre, una ética amorosa diferente para las mujeres, fundamentada en la crítica de la moralidad femenina y masculina tradicional. Incluso Beauvoir va más allá cuando expone la complejidad que se genera entre dos libertades, tal como lo relata en La plenitud de la vida (1960), el segundo tomo de sus memorias.

 

Mientras Sartre tenía el mandato de testimoniar las cosas y de tomarlas por su cuenta a la luz de la necesidad», la misión de Simone de Beauvoir -como ella misma lo revela en La plenitud de la vida– era «prestar la  conciencia al múltiple esplendor de la vida y escribirlo a fin de arrancarlo al tiempo y a la nada». Ambos personajes debían moverse por diferentes partes del mundo, por ello definieron, sin deberes, un “amor necesario” y “amores contingentes”. Ambos debían ser conscientes de ser la persona más importante para el otro, pero convenía también dar cabida a los amores eventuales:

 

Éramos de una misma especie y nuestro entendimiento duraría tanto como nosotros: no podía suplir a las efímeras riquezas de los encuentros con seres diferentes. ¡¿Cómo renunciar deliberadamente a la gama de asombros, las ausencias, las nostalgias, los placeres que eran capaces de experimentar?! Sobre esto reflexionábamos largamente en el transcurso de nuestros paseos.

 

Visto en la lejanía del tiempo, la experiencia amorosa de Simone de Beauvoir continua encapsulada en la aspiración por la libertad y autonomía de muchas mujeres contemporáneas que sobrellevan el tránsito entre ser mujeres tradicionales y ser mujeres modernas; entre dar cabida a la supervivencia del amor tradicional o inventar nuevas formas de amar que no resulten en una catastrófica experiencia. Idealizar cualquier innovación amorosa sin considerar las desigualdades socialmente construidas y las historias personales sería un error, porque para dar cabida a nuevos pactos tendríamos primero que autoconcebirnos como merecedoras de amor y emprender el arduo compromiso con una misma.

 

 

REFERENCIAS:

De Beauvoir, Simone (2006). La mujer rota. Debolsillo, México, D.F.

De Beauvoir, Simone (1981). El segundo sexo. La experiencia vivida. Ediciones Siglo Veinte, Buenos aires, Argentina.

De Beauvoir, Simone (1982). La plenitud de la vida. Edhasa, Barcelona, España.

¿QUÉ QUEREMOS LAS MUJERES?

Publicado el 6 de marzo de 2015

Por: Anel Flores Cruz

En México las mujeres representamos el 51.2 % de la población, somos un poco más de la mitad de habitantes en este país, formamos más de la mitad de todas las clases sociales y de los colectivos. Todas somos contemporáneas porque habitamos en tiempo y espacio el planeta, sincréticas, con descomunales contradicciones, algunas —muchas— por vivir intensamente entre la tradición y la modernidad; resignificamos constantemente nuestra identidad para adecuarnos a las condiciones del capital —a veces como propiedad privada—; somos diversas entre nosotras y también representamos la diversidad cultural que comprende nuestro territorio.

Somos humanas, como la otra mitad, pero también somos la otredad, porque ocupamos la posición de “lo otro” en la categoría de lo humano, porque en la lógica hegemónica, las mujeres seguimos siendo las carentes de derechos en contraste con los varones, porque más allá de formar parte de algunas minorías, también formamos parte de una mayoría excluida y no representada en el acceso a la educación, al poder, a la paridad política, a la riqueza, a salarios dignos, a la posibilidad de decidir sobre nuestros cuerpos y a disfrutar una vida libre de violencia.

Si bien la diversidad cultural es un derecho, debemos reconocer que este derecho no se vive igual para hombres y mujeres, por ello, no basta con reconocernos diversos, diversas, es preciso, además, desmontar los privilegios de género, sostenidos y reproducidos a conveniencia de un jerarquizante sistema socioeconómico (con rostro capitalista) donde las mujeres casi siempre salimos perdiendo: el patriarcado.

CARENCIAS Y NECESIDADES

¿Qué quieren las mujeres que viven en Oaxaca? las amas de casa, comerciantes, obreras, empleadas domésticas, profesoras, empleadas de oficina, profesionistas, académicas, científicas, artistas, estudiantes, desempleadas, las mujeres indígenas, las que no son indígenas, las casadas, las solteras, las madres, las que no quieren ser madres, las pobres, las ricas, las clasemedieras, las discapacitadas ¿Qué queremos las mexicanas?

No todas queremos lo mismo o no todas sabemos lo que queremos; quizás no todas nos hemos hecho esta pregunta. Pregunté a varias mujeres: ¿qué queremos?, ¿qué necesitamos?

“Necesitamos sentirnos seguras y capaces de poder ser lo que deseamos ser, de sentirnos libres, de poder caminar en la calle y no sentirnos ‘culpables’ de ser unas ‘provocadoras’”.

“Que no se nos descalifique, que no se nos tome como locas por opinar diferente o contrariamente”.

“Tener mejores empleos, mejores salarios”.

“Tener servicios de salud”.

“Tener tiempo para descansar”

“Querernos a nosotras mismas”

“Vivir sin machismo”.

“No permitir publicidad donde se nos ponga como objetos”.

“Amarnos entre nosotras”.

“Libertad para decidir, para caminar seguras, para crear”.

“Romper con las normas que nos han sido impuestas”.

LAS MUJERES: SUJETAS POLÍTICAS DEL FEMINISMO

El feminismo como movimiento planetario puede definirse de muchas maneras, con diferentes apellidos, con diferentes perspectivas, y con diferentes objetivos de acuerdo al contexto histórico, político y social, pero los sujetos políticos siempre han sido y son, hasta la fecha, las mujeres. Por ello, no podemos hablar de un Día Internacional de las Mujeres sin las feministas, porque la historia no podrá negar que muchos de los derechos de los que ahora disfrutamos las mujeres han sido productos de sus luchas, incluyendo el 8 de marzo, como un día en el que se hace conciencia de la opresión hacia las mujeres y se reconocen los desafíos y utopías.

Definirse como feminista en una sociedad machista puede representar un acto de sedición, pero para muchas mujeres ser feminista se convierte, además de un acto de conciencia, en un acto reivindicativo para todas las mujeres:

A continuación, algunas frases de feministas oaxaqueñas, a propósito de estas fechas:

“Gracias a la posibilidad de decidir que me ha dado el feminismo, he tenido la oportunidad de crecer, amar y disfrutar de manera plena, y de encontrarme con otras desde el corazón, como muchas generaciones de mujeres en mi familia no tuvieron oportunidad”. Aurea Ceja Albanés.

“El feminismo es una filosofía que transforma la vida de las mujeres, que las libera de las ataduras patriarcales y nos pone en el camino de la autonomía, es decir, la libertad real. Faltan muchas batallas que ganar en lo colectivo para llegar a ese lugar que se llama igualdad y que sí debe existir, no tengo duda.” Soledad Jarquín Edgar

“El feminismo nos interpela a todas las mujeres, por que el acceso al reconocimiento pleno de nuestra humanidad es reciente, ninguna queda exenta al sistema patriarcal que fomenta la misoginia, ninguna, aunque lo ignore”. Noemí Domínguez Gaspar

“Feminismo: No son los hombres ni es la conquista, no es el capitalismo ni la occidentalización, todo ello está afuera, más allá de lo que aquí hablo, está dentro de mí.” Laura Susana Chía Pérez.

“Las mujeres tenemos derechos que deben ser respetados todos los días, es seguir la apuesta desde el feminismo que busca alternativas de construcción de una sociedad más justa, a través del conocimiento, saberes y aportes de las mujeres, más allá del discurso, en acciones afirmativas”. Yamille Gómez Hernández

“Durante siglos el feminismo nos ha regalado a todas las mujeres del mundo la posibilidad de ser libres. No debemos dejar de reivindicarlo”. Tanivet Reyes

“Todas luchamos desde nuestra realidad, haciéndonos conscientes desde nuestro ser mujer, desde nuestro cuerpo, nuestros sentimientos y pensar. Cuando seamos mas conscientes de quiénes somos y reconozcamos nuestro valor, estaremos mas listas para decidir, actuar y seguir luchando por una realidad mejor” Jam Márquez

“Ahora me gusta ser mujer, porque me descubro y m reinvento todo el tiempo” Mary Carmen Ortega.

“En espacios con otras nos fortalecemos. Podemos tener muy claras las ideas, los pasos que necesitamos dar o a qué hombre no necesitamos, pero sin quien nos acompañe estamos pérdidas. El feminismo es parte de eso, pero no tiene que llevar esa etiqueta para serlo. Ante el bombardeo de imágenes, expectativas y violencias contra las mujeres necesitamos acompañarnos, curarnos y fortalecernos entre nosotras, eso en parte es lo que para mí ha sido el feminismo”. María la de algún barrio (pseudónimo).

“Durante todos los días de tu vida nadie será capaz de enfrentarse a ti, porque tus ojos son la lámpara de tu cuerpo, porque somos una misma, porque el entretejido de nuestras almas nos fortalece, nos da firmeza”. Ana Ortiz.

“Nací mujer en los tiempos del cáncer de mama, cuando el machismo mató a muchas hermanas, cuando fueron perseguidas como brujas las lesbianas, entre abortos clandestinos, SIDA y trata de personas”. Mare Advertencia Lirika.

“Nadie puede dudar de la opresión de las mujeres, porque hay evidencia de sobra para probarlo; pero no es conveniente para eliminarla disimular su presencia y aumentar a conveniencia su gravedad”. Norma Reyes Terán

“Pactar entre mujeres es el camino ineludible hacia la construcción de una sociedad igualitaria”. Rosario Villalobos Rueda.

“Debemos conversar más entre nosotras, construir juntas un mundo diferente, desde el propio reconocimiento, con igualdad, respeto y amor. Podemos recuperar el amor entre mujeres para crear sabiduría”. Laura Escobar Colmenares

“En este país ser madre y desarrollarte profesionalmente es prácticamente imposible. No existen condiciones para lograr ambas cosas”. Pilar Barzalobre Aragón

 

Sororidad y agenda feminista frente a colapso nacional

Anel Flores Cruz/

Oaxaca,Oax. “México es un país cuyos controles del Estado han colapsado desde hace años. Han colapsado a nivel municipal, estatal y, por supuesto, han colapsado dentro del gobierno federal. En un país donde los controles se colapsan, surgen masacres, grandes casos de desvíos de fondos, gobernantes que se dedican a hacer negocios en vez de representar a su país; surgen síntomas, crímenes de lesa humanidad”, expuso hace un par de meses en un medio nacional el investigador Eduardo Buscaglia.

Y en efecto, vivimos en un México grotesco, quimérico y expectante, donde todo pasa y todo puede pasar. Un día podemos amanecer con la noticia de que hay 43 estudiantes desaparecidos y otro día, nos enteramos de que Raúl Salinas de Gortari es exonerado del delito de enriquecimiento ilícito, por mencionar algunos ejemplos. Con el paso del tiempo, gran parte de mexicanas y mexicanos, hemos asumido que nuestra condición ciudadana se encuentra anegada en la cultura de la corrupción, de la violencia, de la inseguridad, de la impunidad, de la pobreza, del agandalle en todos los sentidos.

Sin embargo, aún en este México anegado se nos sigue olvidando que existe una parte más oscura que solo puede ser visible cuando, a conciencia, se repara en la víctimas colaterales, cuando observamos que la desigualdad, la omisión, la inseguridad y la impunidad se convierten en la combinación perfecta para que cualquier tipo de violencia contra las mujeres se sigan dando en la sombra y se sigan confinando como un problema privado, que no importa; porque cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no crea condiciones de seguridad para sus vidas, los crímenes no llegan a su fin, por eso, los feminicidio son también un crimen de Estado.

Y sí, en esta crisis de violencia, heredada por tradición de sexenios anteriores y acrecentada como bola de nieve, hay víctimas hombres y mujeres, como también hay explicaciones distintas para entender el fenómeno, por ejemplo, se habla de pobreza, pero no se dice que la mayoría de las y los pobres en el país son las mujeres; se dice que por la delincuencia caminar en la calle resulta peligroso, pero no se particulariza en que las mayoría de las mujeres, además del miedo a que las asalten también tienen miedo a que las violen; se habla de los secuestros, pero no se menciona la trata; también desconocemos las razones por las que se mata a los hombres y por las que se mata a las mujeres, pues mientras que un gran porcentaje en la taza de homicidios en hombres (perpetrados por hombres) se inscribe en la inseguridad o como producto de la delincuencia organizada, a las mujeres se les asesina por su condición de género, es decir, porque se cree, en una sociedad que establece la superioridad de los hombres por encima de las mujeres, que se les puede matar.

 

Cómo hacer política desde el feminismo

En época de crisis se pueden agudizar dos cosas –como señala la antropóloga feminista Marcela Lagarde–, la rivalidad y la enemistad entre mujeres por la disputa, por oportunidades, por recursos, por los espacios escasos para las mujeres; y dos, puede ser que lo que prodigue sean las relaciones, las convocatorias para defender, compartir, cooperar, transmitir la experiencia y recibirla de otras mujeres.

Para enfrentar la crisis, como sugiere Lagarde, se requiere disentir del mundo hegemónico que acepta la desigualdad entre mujeres y hombres; de establecer nuevas relaciones entre las mujeres para hacer política desde una perspectiva feminista, de pensar en la sororidad, entendida ésta como una política para enfrentar la misoginia entre mujeres (que no significa necesariamente que debamos amarnos, ni fingir amor), pero sí compartir la misma mirada (las gafas de género); se trata de comprometerse con el empoderamiento y el adelanto de las mujeres y de encontrar intereses comunes para compartir una agenda política feminista.

Habría que preguntarnos de qué manera pueden converger los diversos feminismos y feministas para la concreción de una agenda, si en Oaxaca, como en muchas partes del país, se vive el feminismo de diferentes modos y en diferentes ámbitos, las hay académicas, políticas, activistas y  también las que solo se enfilan a trasformar su propia vida. Si bien, la diversidad ha enriquecido los campos de acción, también podemos observar que las feministas en México invertimos tiempo y energía en encontrar nuestras diferencias y en volvernos incluso nuestras propias detractoras. Es importante reconocer, que  más allá del derecho a la diversidad, tendríamos que superar los egos, escuchar a las otras, y eliminar las disposiciones sectarias y sobre todo, reconocer y desmontar la lógica binaria aristotélica, que interpreta al mundo solo desde dos polos, “es esto o es lo otro”, “o estás conmigo o estas contra mí”, “sino suscribe mi tipo de feminismo, no es feminismo”.

Respecto a la agenda feminista, Alicia Miyares, otra teórica feminista, señala que existe  una agenda planetaria que se reconoce en diferentes etapas de acuerdo al país, pero que se concreta en cinco principales puntos:  Acceso a la educación, que se deriva en el derecho a una educación no diferenciada, a garantizar el acceso, la permanencia y la conclusión en todas las etapas de la educación, entre otros; Acceso al poder, que se deriva del derecho a la paridad política; Acceso a la riqueza, que se relaciona con el derecho al trabajo, a la independencia económica; Derechos sexuales, que tienen que ver con el tema del aborto y la prostitución y, finalmente, Derecho a una vida sin violencia. En resumen, una agenda que no parta de cero y que reconozca nuestras necesidades, nuestras carencias y nuestros daños.

Ayotzinapa en las redes sociales: indiferencia, banalización y activismo

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Publicado en la revista El Topil y Oaxaca media en diciembre de 2014

Por Anel Flores Cruz

En el vértigo del sistema político mexicano, entre la noche y la madrugada, un 26 de septiembre, cerca de Tixtla, Guerrero, un grupo de jóvenes estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa fueron interceptados por un grupo de policías municipales que tenían como consigna silenciar la protesta que realizarían el 2 de octubre. El saldo fue de 6 personas asesinadas, tres de ellos normalistas, a uno le quitaron, además de la vida, el rostro y los ojos; veintisiete heridos y la desaparición forzada de 43 estudiantes. Así comienza un nuevo capítulo en la historia de un país que padecía una extraña ceguera: veía con torpeza, intuía, escuchaba, comentaba, pero no dimensionaba la capacidad atroz de la desigualdad social.

Con el paso de los días, el “caso Ayotzinapa”, se convirtió en la puerta que dio acceso a nuestro territorio tártaro, ese que sabíamos que existía y no queríamos ver. A dos meses se han descubierto fosas, cadáveres de personas que aún no sabemos cómo se llamaban, y se registraron una serie de hechos que provocaron el desvanecimiento de muchas mascaras: de los políticos corruptos, del ejercito, de las instituciones, de la corrupción, del sistema de justicia, de la inseguridad, de la represión, de la complicidad de los medios de comunicación, de los periodistas chayoteros, del clientelismo, de la indiferencia, del racismo, del clasismo, etcétera. Las y los mexicanos comenzamos en ese periodo de tiempo a conocernos con nuevos rostros, el caso Ayotzinapa nos permitió reconocer el inframundo del México actual, nos puso en crisis individual y colectiva, nos ultrajó, nos indignó y nos convocó. Hoy es un símbolo de protesta global.

Los alcances del caso Ayotzinapa no pueden entenderse al margen de los nuevos espacios de comunicación, los grados de participación social en apoyo, en México y en muchas partes del mundo, se han visto influenciados en gran medida por las redes sociales (Facebook y Twitter) que han mantenido la agenda pública y ha consagrado el entusiasmo participativo. Me atrevo a señalar que la utilización de las redes sociales ha estimulado la crítica y ha dado al caso una dimensión simbólica y real de lo que representan un crimen de Estado. La información periodística, los aportes gráficos (memes), las discusiones en los muros, los hashtag, las reflexiones intelectualizadas, las fotos, videos, convocatorias, y otras bondades de las redes sociales, como la posibilidad de trascender el tiempo y los espacios geográficos, han constituido una poderosa herramienta de relevancia para la movilización social.

Si bien las redes sociales son un eficaz recurso para el cambio social, debemos tener claro que las y los usuarios en México no representamos la totalidad de la población, somos un porcentaje de menos de la mitad, y de ese porcentaje, no todas y todos están interesados en temas políticos. En ese sentido, y desde mi experiencia como cibernauta en Twitter y Facebok, sin ánimos de estereotipar, ni mucho menos erigirme como juez moral, puedo, hasta la fecha, observar tres distintas maneras en las que se ha abordado el caso Ayotizinapa en las redes sociales: indiferencia, banalización y activismo.

Indiferencia

Durante todo este tiempo, desde lo sucedido Ayotzinapa, hay un sector de los usuarios activos en redes sociales que han permanecido omisos a cualquier tipo de información relativa al tema, notas, memes, opiniones, likes, todo lo que implique que su comunidad vislumbre en el o ella alguna postura política. Y claro, más allá de reconocerle su derecho, no deja de llamar la atención que en un momento de crisis nacional, donde se vuelve necesaria la palabra de las y los ciudadanos desde cualquier plataforma, particularmente en las redes sociales que se ha vuelvo fuente de información para los medios de comunicación más populares en el país, el silencio siga siendo una opción, porque como dicen algunas y algunos expertos, perpetúa, incluso empeora, la espiral del silencio, entendido a éste como la idea principal de que usuarios y usuarias de redes sociales se callan opiniones si creen que no forman parte del consenso o su opinión no es mayoritaria. Una de las consecuencias de este mutismo es  que la opinión de la mayoría se impone sobre las posibles divergencias y se crea un orden de lo políticamente correcto o aceptable.

En este sentido, y por la particularidad del caso Ayotzinapa, la importancia radica, desde mi perspectiva, en leer el silencio como síntoma de desigualdad social, es decir, más allá del mutismo, hay una ausencia de identificación con el dolor y la rabia que siente una gran parte de las y los mexicanos, esta ausencia de empatía puede estar asociada a muchos factores como la naturalización de la violencia, la idea de superioridad basada en la condición de clase o al individualismo producto de un sistema económico capitalista que se opone moralmente a la solidaridad.

Banalización

Por otra parte, también he observado que un grupo de usuarios y usuarias replican de manera superficial y manipuladora la serie de hechos violentos generados en nuestro país. Este sector se caracteriza, en su mayoría, por gente politizada, muchas y muchos afiliados o simpatizantes de partidos políticos que consideran en su discurso que los hechos han sido casos aislados y no reconocen la responsabilidad del Estado, por lo que rechaza la movilización en las calles como una vía para expresar el descontento social. La indignación de este grupo de usuarios se reduce, por ejemplo, a lamentar dramáticamente la pinta de paredes o inmuebles y a denostar constantemente la crítica de otros usuarios y usuarias con adjetivos como “chairos”, “vándalos”, “pejezombies”, entre otros.

La banalización se expresa también en quienes ven el caso con oportunismo y se erigen en las redes sociales como líderes morales a sabiendas de una reputación cuestionable y conocida en el Estado, como diputados, ex diputados que intentan posicionar su participación social para sostener su puesto de poder; también los “wannabe” (traducido como “querer ser”), “poseros” (persona que finge), o “snobs” (persona que imita estilos), es decir, personas que reproducen la irritación y la expresan con el fin de mantener sus relaciones sociales con aquellos que consideran distinguidos, generalmente a la clase intelectual o artistas con prestigio, por ejemplo quienes una vez que vieron la presencia del pintor Francisco Toledo en una marcha le dieron duro y tupido a sus post.

Activismo

En este rubro se ubican ciudadanas y ciudadanos politizados con alguna postura ideológica que generalmente se dedican fuera y dentro de las redes sociales a participar en la vida pública. Estos usuarios y usuarias informan, promueven la discusión, convocan y asisten habitualmente a algún tipo de manifestación social. Las y los activistas articulan a actores colectivos utilizando recursos y estrategias  tecnológicas, por lo que están de alguna manera conectados entre sí, cuentan con páginas para comunicarse, documentan, reportan y establecen redes de intercambio de opiniones, sus discursos habitualmente se ven comprometidos con algunos derechos humanos. En este rubro también se ubican ciudadanas y ciudadanos que a partir de este hecho, y de manera genuina, se han sumado a la serie de protestas en redes sociales y en las calles.

Si bien este sector propone y actúa, puede correr el riesgo de invertir sus energías en enterarse de lo más reciente y/o participar en movilizaciones que en trascenderlas en una agenda nacional: tarea nada fácil.

http://www.oaxaca.media/politica/ayotzinapa-en-las-redes-sociales-indiferencia-banalizacion-y-activismo/

Escolástica Martínez, un caso del negligente y misógino sistema de justicia en Oaxaca

Discriminación, burocracia y un negligente y misógino sistema de justicia tras el caso de Escolástica Martínez.

Anel Flores Cruz/

En enero de 2012, mientras la mayoría de las y los oaxaqueños recibíamos los primeros días del año nuevo, Escolástica Martínez Gutiérrez, una mujer que cuidaba a su hijo en el hospital era detenida arbitrariamente por el supuesto delito de violencia intrafamiliar y golpes calificados en contra de su hijo mayor Miguel Ángel García, de ahora 11 años de edad.

Escolástica Martínez de 41 años de edad es originaria de Palomares, Matías Romero, tiene cuatro hijos y una hija. Como la mayoría de las mujeres encarceladas en nuestro país, es indígena y pobre; condiciones sociales que en México vulneran su libertad más allá del encierro físico.

El martirio de Escolástica

A cuarenta minutos de camino en auto, partiendo de Oaxaca, se encuentra el penal de Tanivet, prisión “modelo”, “en la que nuestros gobiernos han invertido millones” y en la que albergan a 232 mujeres reclusas por diversos motivos. Una vez que se recorre el camino y se observa en el trayecto la gama de colores de Tlacolula, se llega a una desviación en la que metros adelante se materializa la exclusión y el abandono social, tras columnas, rejas y un ambiente de sospecha en todo momento. Allí, Escolástica nos narró.

“El domingo 4 de diciembre, como a las ocho de la mañana nos íbamos a meter a bañar. Miguel Ángel estaba buscando jabón mientras yo bañaba a la nena, pero de pronto, llegó el otro de mis niños a decirme que su hermano se estaba durmiendo. ─¡¿Pero cómo va dormir Micky, si ya es tarde? Fui a verlo y le dije: ¡¿Micky, por qué te dormiste?!, ¡levántate! Y no, no se levantó. Ahí empezó mi martirio”.

De acuerdo a Escolástica, ante la desesperación, ella decidió llevar a su hijo cargando, y con la ayuda de una persona, llegaron a la clínica número 1 del IMSS, en donde le dijeron que no podían hacerle nada porque “venía mal”, no obstante, le ofrecieron una ambulancia que más tarde lo llevó al Hospital General Dr. Aurelio Valdivieso. Escolástica recibió la noticia (sin comprender en su totalidad), que su hijo estaba muy grave, “el médico me dijo ‛tu hijo ya lo perdiste, ya no se puede hacer nada′”.

“Días después llegaron unos agentes de investigación, me detuvieron porque decían que yo había golpeado a mi hijo, me llevaron a un cuartito muy pequeño, me robaron 1,000 pesos que me habían dado los vecinos para apoyarme, una tarjeta y juegos de lapiceros (por si mi hijo se levantaba para que escribiera). Y aquí sigo, el dinero nunca lo recuperé, hice una queja con Derechos Humanos, pero nunca procedió.”

A casi tres años de cautiverio (sin dictamen)

Escolástica fue arrestada por el presunto delito de violencia intrafamiliar y lesiones calificadas. Las “razones” de su detención fueron, por una parte, que los médicos que atendían al niño la señalaron como responsable de un golpe que tenía el menor en la cabeza y que como consecuencia le había provocado una lesión traumática en el cerebro, aunado a otros golpes en el cuerpo que, de acuerdo a este diagnóstico, configuraba el Síndrome del niño maltratado.

La segunda “razón”, por la que se le dictó auto de formal prisión a Escolástica, sin que hasta la fecha tenga resolución jurídica por un juez, y tampoco una averiguación con suficiente sustento jurídico, fue que, según la Procuraduría de la Defensa del Menor, la Mujer y la Familia, en la averiguación previa, un grupo de niños, compañeros de Miguel Ángel en la escuela Patria Libre, comentaron que una niña de la misma escuela había visto por una ventana a Escolástica azotar a Miguel Ángel en la pared.

A casi tres años de cautiverio, el caso de Escolástica ha dado elementos con muchas irregularidades que evidencian no solo una cultura burocrática lastimosa y una encarnada misoginia por parte de quienes en teoría debían servir al estado, sino también una serie de expresiones discriminatorias que devastaron al menos seis vidas, la de Escolástica y la de sus cinco hijos.

¿Un caso de bullyng no atendido?

Semanas antes de que Miguel Ángel cayera en estado de coma, como señala Escolástica, el menor había sido golpeado por compañeros de su escuela: “vieron que lo arrastraron y golpearon. Cada día que iba a la escuela le sacaban su dinero (…) supuestamente me había dicho el maestro que al niño que lo molestaba lo iban a expulsar y nunca lo hicieron, ellos se lavan las manos y me culpan a mí”.

Este hecho, de acuerdo a Misael Antonio Silva, uno de los abogados que estudia el caso, pone en entredicho la actuación y la falta de sensibilidad de la Procuraduría, en primer lugar porque las acusaciones tienen que tener una denuncia formal y testigos, y en este caso no existe. En segundo lugar, cuando Escolástica compareció, sin saber de leyes, dijo que sabía que le habían pegado a su hijo y la Procuraduría no actúo en consecuencia, pues ellos, que sí saben de derecho y de leyes, no le propusieron una querella, por lo tanto cometieron una omisión.

Aunado a esto, existen contradicciones en los dichos de los menores de edad, en el director de la escuela y en la niña que supuestamente vio a Escolástica golpear a Miguel Ángel, pues ella declara no haber visto nada y en el momento de hacer una descripción de Escolástica la describe totalmente diferente. Entre otras anomalías, en la averiguación no se señala el hecho de que la casa de Escolástica no tiene ventanas que den a la calle.

Un hecho que tampoco fue averiguado es que Miguel Ángel tenía cuatro meses de haber regresado con su mamá, pues durante aproximadamente cinco años permaneció en la Ciudad de los Niños, un orfanato que además de recibir niños huérfanos, también resguarda a menores indígenas que no pueden ser mantenidos por sus familias ─y en donde también trabajó por un tiempo como costurera Escolástica cuando llegó a la capital─. Este dato resulta interesante cuando en entrevista ella señala que Miguel Ángel tuvo repercusiones en su conducta tras permanecer en este albergue: “ahí lo lastimaban, tenía una cortadura grande y cicatrices, decía que porque no obedeció le dieron con la escoba (…); le decían ′que se vayan al diablo tu mamá porque por ella estas aquí′”. Pero, ¿quién se atrevería a cuestionar esta institución?

En cuanto a la conclusión médica que apunta que Miguel Ángel padecía el Síndrome del niño maltratado, el doctor Jorge Ayala Villareal, neurólogo y neurocirujano que también estudia el caso, expresa que, dada las características y lugares en donde el menor tiene los golpes, no es posible que Escolástica haya provocado el estado de su hijo, además de que ella no es agresiva y no tiene problemas graves de conducta ni de personalidad. Entre otras cosas, el doctor apunta que los otros hijos de Escolástica no tienen ningún problema de salud ni señas de maltrato: “Escolástica lo quiere mucho y estuvo pendiente de él, pero los médicos por prejuicio dijeron que el peligro era la mamá”.

¿Por qué a nadie le interesó la vida de Escolástica?

Detrás del caso existen muchas anomalías, rumores, abusos y preguntas que tendrían que responder las personas involucradas. Por ejemplo, se menciona que los menores que golpearon a Miguel Ángel son hijos de “Las pájaras”, lideresas de la Central de Abastos. También se menciona que días después de que el caso fue mediatizado (en diciembre de 2011), Luis Ugartechea, presidente municipal de Oaxaca de Juárez en ese entonces, visitó la colonia donde vivía Escolástica y sus hijos y en ese momento un grupo de niños se acercó para decirle que se habían enterado de que su compañero estaba hospitalizado y que creían que era porque su mamá lo golpeaba; gracias a este hecho, Ugartechea le habló al procurador y le dijo que atendiera el asunto, lo cual podría explicar el hecho de que el proceso fue más rápido de lo que generalmente tarda un caso, pues en menos de 15 días armaron la averiguación, cuando generalmente el proceso dura tres meses. También se dice que existe la posibilidad de que ante el miedo de que el niño falleciera y pudiera señalarse una negligencia médica por no atenderlo pronto, los médicos concluyeron que el niño fue golpeado fuertemente por su madre.

Al parecer todos saben lo que sucedió, todos se sacudieron las manos, todos señalaron, todos se deslindaron. A nadie le importó la vida de Escolástica y sus 5 hijos. Los profesores, los médicos, la ministerio público, la procuradora que después de enterarse del caso no pidió que se averiguaran las arbitrariedades, los agentes que le robaron mil pesos a Escolástica cuando la detuvieron; los abogados de oficio que no se esmeraron en continuar con el caso; los medios de comunicación que se dedicaron a linchar mediáticamente sin corroborar los hechos… Escolástica se convierte ahora en un botón de prueba que expone los múltiples nexos entre la condición de género, la pobreza y el racismo, parece ser que la vida de escolástica no tuvo valor en ningún espacio.

Mientras tanto Miguel Ángel sigue en coma en el DIF sin ninguna posibilidad de que se recupere; sus hermanos padeciendo la ausencia de su madre con una tía que no cuenta con recursos suficientes para poder alimentarlos, y Escolástica con estragos de un encierro injusto, esperando que el juez dicte su sentencia. Para ella “la libertad se consigue con dinero”.

 

 

 

 

 

 

Necesitamos poner el aborto como tema nacional: Marta Lamas

*En México la brecha más grande entre mujeres y hombres se encuentra en la participación laboral y las oportunidades económicas.

Anel Flores Cruz

Como parte del ciclo de conferencias Oaxaca en el debate nacional, organizado por el Instituto de Investigaciones Sociológicas de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca,la antropóloga feminista Marta Lamas ofreció la conferencia Equidad de género, la tarde de ayer 21 de agosto, en la biblioteca Francisco de Burgoa.

Ante un público conformado en su mayoría por mujeres, entre estudiantes, académicas, periodistas y activistas de organizaciones no gubernamentales, Marta Lamas expuso la urgencia por cerrar las brechas de desigualdad entre mujeres y hombres que obstaculizan la posibilidad de desarrollo humano de nuestro país.

“No hay nada que se parezca más en el mundo que un hombre y una mujer. Somos iguales como seres humanos”, expresó la también fundadora de GIRE (Grupo de Información en Reproducción Elegida) al comienzo de la conferencia. No obstante ─señaló─, “cuando entramos en la lógica de lo propio para las mujeres o lo propio para los hombres dificultamos el reparto equitativo y justo de las responsabilidades y de los disfrutes”.

Para Lamas, los mandatos de género (“prescripciones femeninas y masculinas, instalados en nuestra psique”), hay que pensarlos en términos de intercambios y condiciones sociales que permiten algo mucho más profundo y más estructural: la división sexual del trabajo. Esta división, expone, “tuvo razón cuando pasamos como humanidad del Paleolítico al Neolítico: las mujeres se quedaban a alimentar a sus hijos y los hombres se iban de caza, pero en el siglo XXI cuando tenemos computadoras, cuando hemos ido a la Luna, a Marte, cuando tenemos submarinos, no existe razón para aferrarnos a esa división sexual del trabajo”.

De acuerdo a datos del Foro Económico Mundial, quien se dedica a medir las brechas de género desde 2006 con datos arrojados relativamente confiables por países participantes, podemos encontrar que en México la brecha más grade entre mujeres y hombres se encuentra en la participación laboral y las oportunidades económicas, informó la antropóloga.

Durante la conferencia, la antropóloga planteó las preguntas: ¿Cómo cerrar la brecha entre hombres y mujeres en distintos componentes del trabajo?, ¿cómo cerrar la brecha del salario?, ¿cómo cerrar la brecha en los puestos y toma de decisiones?

La intervención igualitaria, señaló, tendría que darse en las remuneraciones económicas, en la idea de que el trabajo domestico es un trabajo de amor, en los permisos de maternidad y paternidad, en la dependencia económica, en el tiempo de ocio, en el cuidado de los seres vulnerables. Enunció también que el mandato de la masculinidad en los hombres los hace colaborar con la cultura laboral enajenante y sobre explotadora, mientras que el mandato de la feminidad en las mujeres las lleva a autoexplotarse abnegadamente.

Al final de la conferencia expresó que hablar de equidad de género requiere de políticas públicas con incentivos económicos y con acciones afirmativas, definida esta como un mecanismo transitorio que pone en cuestión la distribución de posiciones privilegiadas o de poder.

El tema del aborto

En entrevista con este medio, Marta Lamas señaló que la mejor manera de desactivar la polémica del aborto en México, a partir de la experiencia en otros países, es con el debate público a nivel nacional. “Italia despenalizó el aborto en 1978, 30 años antes de lo que se despenalizo en México, ─con un Papa, con el vaticano, con la iglesia católica─ y esto se debió a que durante un año todas las televisoras y radiodifusoras invitaban a las y los médicos a favor y en contra, las abogadas, los abogados, las mujeres de próvida, las mujeres a favor del aborto, feministas… y todo el país se metió en un debate para ver los pros y los contras de despenalizar, y descubrieron que despenalizar el aborto era el menor de los males, que se ayudaba más a prevenir con la despenalización. Aquí en México, cuando tuvimos un debate en 1991 sobre el aborto, los empresarios católicos amenazaron con retirar su publicidad si se seguía hablando del tema”.

“Si no tenemos un debate público donde se escuchen argumentos, experiencias, posiciones, no se va a cambiar las cosas, entonces, necesitamos luchar por un debate público, por tener medios públicos y poner el aborto como tema nacional”.

Respecto a la intromisión de la iglesia católica en el tema del aborto, comentó: “la iglesia católica es un poder fáctico y los empresarios católicos tienen el mandato y el poder económico, entonces no vas a ver jamás en Televisa y en Tv Azteca un debate sobre este tema.

Finalmente, dijo que las y los legisladores no promueven el aborto porque no tiene ningún costo, “saben que van a estar tres años, que los compran y que se van. Cuando los diputados sepan que sí lo hacen (despenalizar el aborto) bien, la gente puede volver a votar por ellos o por su partido. Por ello hay que seguirles la pista, hay que cobrarles que hagan o no hagan las cosas”.

 

 

 

 

Edecanes, recursos públicos y sexismo institucional

Publicado en abril 9, 2014

Anel Flores Cruz/

El 2 de abril, en el programa de la periodista Carmen Aristegui en MVS Noticias, se señaló como principal operador de una red de prostitución a Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, entonces dirigente del PRI DF (ahora con licencia). Entre otras cosas, se evidenció que la manera en la que se captaba a mujeres para integrar esta red era mediante anuncios clasificados donde se solicitaba a mujeres jóvenes que fungieran como edecanes.

Tras este acontecimiento, en redes sociales y medios de comunicación, han surgido voces de quienes conforman la vida política de nuestro país, desde los que han tratado con demagogia conciliar a simpatizantes con su partido, arguyendo que todo estaba planeado para una inminente limpieza en el interior del PRI; hasta los que con golpes de pecho “llevaron agua a su molino” y señalaron al partido “opositor” con descaro y sin voltear a mirarse la cola.

También hay quienes consientes (o no) de la magnitud del problema han preferido quedarse en silencio; los que “amarrado el perro”, comenzaron a señalar los atropellos y prácticas “porriles” de Gutiérrez de la Torre de los cuales fueron víctimas; quienes defienden lo indefendible, etcétera.

Y así, desde la superficial conveniencia política, se ha disimulado que este hecho es producto de una sociedad machista que se sostiene y legitima con la complicidad tácita de los gobiernos. En este sentido, habría que preguntarse por qué después de varias décadas en las que se ha pedido con urgencia que se intervengan ante el incremento de trata de personas, feminicidios y las diferentes expresiones de violencia y discriminación, no se ha actuado en consecuencia; como tampoco se ha hecho mucho caso a estatutos internacionales y nacionales que obliga al Estado a garantizar la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres.

El servicio de edecanes en instituciones públicas

La violencia contra las mujeres en México es, en efecto, una consecuencia de la desigualdad de género, pero también se suman como problema la corrupción, la ignorancia de nuestros representantes políticos, el abuso de poder para preservar sus privilegios machistas (y la de otros) y la impunidad. Y ante un panorama adverso como este, los gobiernos tendrían que tomar el caso de Gutiérrez de la Torre como un precedente para identificar de manera específica las acciones que posibilitan y disfrazan los delitos de explotación sexual, trata de personas y desvío de recursos dentro de las instituciones, que en teoría debieran servir a la sociedad; y preguntarse, además, a qué se refieren las y los especialistas en la materia cuando se habla de un sexismo institucionalizado.

En este sentido, quizás, se tendría que comenzar con poner en crisis la figura de edecán en el interior de las instituciones de gobierno (y también fuera de ellas con la regulación de las agencias de edecanes que disfrazan redes de trata. Pero en este caso solo me referiré a las instituciones). Es decir, restarle ambigüedad al término “edecán”. Para ello, habría que preguntarse: ¿en qué contexto surge esta figura dentro del sistema gubernamental?, ¿cuáles son las actividades por las que se contrata a edecanes?, ¿por qué se consideran necesarios los servicios de una edecán?, ¿cuáles son los requisitos de contratación?, ¿por qué la mayoría de quienes desempeñan este oficio son mujeres?, ¿representan para ellas un empleo seguro?, ¿existe una norma para el atuendo de las edecanes?, ¿cuál es el canon estético  que encierra el estereotipo de una edecán?, ¿es posible contratar a personas que no cumplan con el estereotipo de una edecán en México (no joven, no delgada, no alta, no guapa)?, ¿cuánto dinero público se destina a la contratación de edecanes y de qué manera se comprueba este recurso?, y sobre todo, preguntarse ¿en qué contexto (socioeconómico) las mujeres “deciden” ser edecanes?

Sexismo institucional

Una vez que se respondan estás preguntas podría comprenderse mejor en qué consiste el sexismo. Y aquí vale aclarar que la discusión no intenta culpabilizar a las mujeres que trabajan como edecanes, que bajo cualquier circunstancia, buscan la manera de sostener su economía y/o la de su familia. Es un asunto complejo con varios matices, porque tras el discurso del tributo a la “belleza femenina” se pueden encerrar expresiones de discriminación sutiles que inferiorizan y subordinan a las mujeres, y esto es en esencia el sexismo. El sexismo entendido como “el conjunto de prácticas sociales que mantienen en situación de subordinación y explotación a un sexo, valorando positivamente al otro”.

En este caso, para tener claridad de por qué el contrato de edecanes puede ser una expresión de sexismo institucional, habría que conocer el contexto sociocultural y las condiciones económicas en las que mujeres jóvenes (porque generalmente son jóvenes) “deciden” ser edecanes, si se hizo de manera libre y consciente, si entre la opción de ser edecán tuvo otras opciones para desarrollarse en el campo laboral, si ejerció a plenitud su derecho a la educación, si fue consciente de los riesgos que implica este empleo y si tiene edad para decidir de forma madura este oficio.

Una institución pública es sexista cuando cosifican el cuerpo de las mujeres, esto es, representar o trata a una persona a partir del cuerpo sexualizado ignorando cualidades y habilidades intelectuales y personales. Cuando en el momento de contratar a su personal estereotipa roles, por ejemplo, que se contrate generalmente a mujeres edecanes porque se cree que ellas desempeñan mejor una actitud de servicio. Cuando exigen como requisito ser mujer para realizar el trabajo de edecán, ser, además, guapa, alta, delgada, y todos los atributos de belleza valorados positivamente en una sociedad machista. Cuando no se garantiza a las mujeres un trabajo seguro, libre de acoso sexual. Cuando destina un recurso público para contratar servicios innecesarios de edecán, pero “justificado” con la idea de “embellecer” un evento público. Cuando no se toma en cuenta que ser edecán en México representa un oficio peligroso, sancionado moralmente por la sociedad y expresado en su extremo con los numerosos crímenes a mujeres que se dedican o dedicaban a esta labor.

Finalmente, para poder ilustrar esta expresión del sexismo institucional, les dejo algunos ejemplos:

En 2007, según información del portal de Transparencia, el gasto de edecanes en San Lázaro ascendió de 2006 a 2007 (en ocho meses) en un millón 641 mil 840 pesos. Este monto hace referencia solo a 18 edecanes, que ante la “pesada” ocupación de los diputados, servían un vaso con agua, café, té, fruta, o botana. En ese mismo año, en el periódico La Jornada se publicó que de acuerdo al portal de Transparencia, algunas edecanes ganaban de 40 a 70 mil pesos mensuales.

Hace dos años el Instituto Federal Electoral (IFE) fue acusado de sexista tras un debate de contendientes a la presidencia, televisado en canal abierto. El IFE tuvo un “error de producción” y contrató a una edecán ex playmate, cuya función fue aparecer cargando una urna en la que recogía el turno de los contendientes, vestida de blanco y con un escote pronunciado. El IFE en ese momento se trató de justificar su falta como un “descuido” ─porque pobres, nadie sabía de género─. Entre las declaraciones, Gabriel Quadri, candidato a la presidencia, expresó: “fue un poco de pimienta en la solemnidad de los políticos; una buena ocurrencia por parte de los organizadores. Hay quienes dicen que era para llamar la atención de los televidentes debido que a la misma hora había futbol, pero simplemente fue una buena idea”.

En Oaxaca, hace un año, el gobierno del estado acudió al Tianguis Turístico México 2013, celebrado en la ciudad de Puebla. Allí, de manera “inocente” y para promover destinos turísticos de Oaxaca, contrataron a edecanes que semidesnudas las cubrieron de Body Painting. Tras este acto se desató una polémica en redes sociales y se les acusó de sexismo por exponer el cuerpo de las mujeres como aparador de anuncios, como si se tratara de promover turismo sexual.

En 2012, diputados federales acudieron con todo y edecanes a supervisar rutas de evacuación al volcán Popocatépetl.

Y así, a esta lista se podrían sumar otros eventos divulgados en la historia del sexismo institucional, porque los que no salieron o no han salido a la luz, ahora tendrán más motivos para permanecer ocultos.

@AnelFloresCruz

 

 

14 de febrero: fiesta de consumo y representación de la mitología amorosa

Publicado en febrero 14, 2014

Anel Flores Cruz/

A lo largo de la historia se han construido ideologías amorosas que configuran simbólicamente a mujeres y hombres. En nuestro imaginario hemos concentrado preceptos sociales, creencias y ritos de nuestra cultura, pero también hemos incorporado y reproducido de la cultura occidental historias legendarias del amor romántico tomadas de la literatura y medios visuales como el cine y la televisión.

Hasta la fecha, ­quizás cada vez menos, sigue siendo un referente próximo la tragedia de Romeo y Julieta de Shakespeare. Aún sin siquiera haber leído el libro, gran parte de la población conoce la historia y la instala en su imaginario como un amor idealizado que encarna virtudes preservadas en una sociedad patriarcal: intensidad, sacrificio, sufrimiento, “nada importa si no podemos estar juntos”. Estas historias, como muchas más, constituyen el mito paradigmático del amor romántico.

Por otro lado, la cultura patriarcal ha encubierto y legitimado desde los espacios socialmente acreditados como las artes y las ciencias, el anhelo amoroso. Y de este modo ha dispuesto paradigmas que han desfavorecido la libertad y la vida de las mujeres. Las máximas de los grandes pensadores de la historia no dejarán mentir.

El amor romántico también ha funcionado como un recurso que hasta la fecha continúa limitando la participación de las mujeres en los espacios públicos: “la experiencia amorosa es también una experiencia política”. Kate Millet, autora de Política sexual (uno de los libros más controvertidos de la tercera ola del feminismo) ejemplifica esta idea de manera magistral: “El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a la mujer y hacerla dependiente, en todos los sentidos. Entre seres libres es otra cosa.” (Entrevista realizada por el diario El País en 1984).

Perversiones del amor romántico

Desde una perspectiva feminista, el amor romántico puede ser un recurso para encubrir la violencia contra las mujeres. Para la antropóloga feminista Marcela Lagarde (en entrevista con este medio), “el amor es parte de la dominación de los hombres hacia las mujeres, y no es que lo vivan distinto, es que, además, tiene un peso muy diferente en sus vidas (…) La creencia es que mujeres y hombres viven lo mismo y no es cierto, las mujeres somos educadas, en México y en otros países, para creer en un amor idealizado que abarca toda la vida, que es alcanzable, que es realizable, que conduce a la felicidad y que es recíproco. La realidad es otra”.

Uno de los lados perversos del amor romántico tiene que ver, como señala Lagarde, con algunos problemas de salud y de derechos reproductivos de las mujeres. Mientras sigamos creyendo que en nombre del amor se entrega y da todo, incluyendo la virginidad, muchas mujeres adolescentes seguirán siendo víctimas de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisión sexual.

En este contexto, expresa que es importante que las mujeres reformulemos la manera en la que amamos, que configuremos una nueva filosofía amorosa que nos reposicione frente al amor. “Las mujeres tenemos que ver por nosotras mismas, y mantenernos muy firmes y muy fuertes. Si sentimos cariño por alguien y nos gusta, se vale, pero debemos plantearnos una relación más dialógica, más recíproca, creernos menos cuentos y considerar que los hechos hablan más que las promesas. Debemos  aprender a detectar a los hombres machistas y violentos y reconocer que ellos no saben amar”.

Dentro del discurso feminista se apuesta por un amor que no sea entrega, sacrificio y sufrimiento como la tradición mexicana lo estipula. Es en cambio el  reconocimiento mutuo entre personas que se respetan, se tienen cariño, se apoyan para vivir y son solidarias entre sí.

No obstante, como señala Lagarde en el amor las mujeres seguimos siendo muy idealistas, “muchas con un pensamiento crítico, principio de realidad, análisis concreto, pero en el amor podemos perdernos, y seguimos queriendo amar y que nos amensegún los mitos tradicionales, universales y eternos que han alimentado nuestra fantasías”. Por ello, sugiere, es importante que cada una analice los mitos y fantasías respecto al amor.

La fiesta del consumo

La tradición amorosa de nuestra sincrética cultura mexicana prescribe que cada 14 de febrero mujeres y hombres, de todas las edades y estratos sociales, debemos hacer una reverencia al romance y ofrecer, al ritmo de la mercadotecnia, el ritual amoroso de los regalos.

De modo que, previo a la fecha –por si caso nos atreviéramos a olvidarlo– ,  comercios formales e informales se aseguran que cada calle por la que transitemos, observemos –aunque sea de reojo– corazones colorados: grandes, chicos, con texturas, sin textura, con diseños elaborados, sencillos, de unicel, etcétera.

La fiesta del amor, bajo la mirada de las y los “aguafiestas”, se enmarca en una cultura del consumo que sugiere que la medida del cariño podría traducirse en la cantidad de dinero que se invierta en un regalo o en pagar un servicio.

Por desgracia y por fortuna, en un país donde la mayoría de la población vive al día, el 77% de las personas que obsequian un regalo gasta alrededor de 300 pesos, según datos del INEGI (2010).

Según esta misma encuesta, los hombres gastan más que las mujeres en regalos. Aunque, a reserva de lo que digan las estadísticas, podría asegurar que mientras los hombres invierten en regalos, ellas invierten en ropa, zapatos y/o maquillaje para la ocasión. Esta situación, en la que ellos invierten más dinero, encuentra su respuesta en los ritos más arraigados del amor, pero también en el orden social de género donde “los hombres se convierten en los simbólicos más importantes del orden económico”, como señala Marcela Lagarde. En las relaciones tradicionales de género, quien paga también adquiere el poder de iniciar y terminar con el encuentro romántico.

Tampoco es casual que las mujeres prefieran una cena romántica, seguida de flores y perfumes (INEGI, 2010). Y que, a pesar de que no sea lo que esperan, los regalos más frecuentes terminen siendo dulces y chocolates (76%). En este sentido, para Lagarde, los regalos del cuerpo tienen relación con la sexualidad, “se les regala lo que tiene que ver con la preparación de cuerpo de la amante para los artificios del eros: perfumes y joyas”. Lo que explica que la industria de los perfumes sea de las más poderosas.

En este marco donde converge el amor romántico con el dinero y el ocio, como señala Eva Illouz en su libro El consumo de la utopía romántica, se reorganizan las identidades de clase en torno a la definición del amor. Para la autora el amor romántico se convierte en un elemento íntimo del ideal democrático de la opulencia. Nuestras ideas de amor y romance se solapan en un mundo de los clichés y con imágenes que ella denomina “la utopía romántica”, utopía que vive en el imaginario colectivo.

Ollouz también señala, tras una investigación realizada en Estados Unidos, que la generalidad relaciona los lugares románticos con espacios públicos, es decir, fuera de su casa: restaurantes, destinos turísticos o lugares asociados con el entretenimiento y el ocio, como el cine. A esto se añaden elementos como copas de vino, luz de las velas,“cena especial” y música.

El amor en las redes sociales

La celebración del amor en las redes sociales puede arrojar un sinfín de elementos simbólicos del discurso amoroso. En este día puede resultar interesante observar que más allá de las expresiones de afecto, lo que nos mueve no son los sentimientos en sí, sino la visibilidad de la conducta romántica. Quizás esta visibilidad romántica tenga que ver con que de 33 millones de cuentas de Facebook, 14.5 Millones especifican su situación sentimental en la red. Y que en el Día del amor, exista un 200 por ciento más de relaciones añadidas en comparación con cualquier otro día del año. Este día también se convierte en el día más popular para anunciar cuando las personas están casadas, según datos provistos por Facebook. Si las cifras mencionadas estuvieran desagregadas por sexo, con seguridad podría adquirir un sentido diferente.

Dentro de la cultura del romance, el Facebook se convierte para gran parte de usuarias y usuarios en México en un importante regulador de conductas estereotipadas como románticas. Es una vitrina que muestra, bajo una falsa o auténtica apariencia, a personas felices con pareja, felices solteras, personas apáticas que expresan un argumentado rechazo por el día y a personas indiferentes con la fecha.

De acuerdo a mi experiencia como usuaria desde hace aproximadamente siete años, el protocolo es que en días previos muchas mujeres y hombres con pareja (mayormente mujeres menores de 30 años) cambien su fotografía de perfil (si es que no la tenían) por una fotografía en la que aparecen con sus respectivas parejas. Eso por una parte. También he visto que  desde que comienza el día y durante las siguientes 24 horas, el Facebook se convierte en  un importante dispensario de frases “románticas” con paisajes “románticos”, y con menos frecuencia mensajes personalizados para la persona amada en cuestión. Desde luego también hay quienes prefieren hacer público que odian el día.

Finalmente, es imposible desestimar la influencia que tienen el Facebook en la vida  de las personas que habitualmente interactúan en esta red, sobre todo cuando datos señalan que el 30% de los matrimonios que se divorcian menciona a la red social  (según web Divorce-online). Es significativo también que en México la mayoría de usuarias y usuarios la conformen jóvenes de 18 a 24 años de edad (33%), mientras  que el 25% de 25 a 34 años de edad.

 

 

 

La violencia que no se ve, pero esclaviza mentes

Publicado en noviembre 25, 2013

Anel Flores Cruz/

Está normalizada, no se ve, pero actúa insensible y silenciosa. La violencia simbólica se disfraza con la objetividad de un sentido común, disimula las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres y arremete con la imposición de un orden social jerarquizado que discrimina a las mujeres y ubica a la mayoría en condiciones asequibles para tolerar cualquier tipo de violencia explícita.

La violencia simbólica se despliega a través de imágenes y mensajes en medios de comunicación, en la publicidad, en las canciones, en los libros de texto, en las frases, etc., y se hace efectiva en la medida en que las mujeres no son conscientes de padecerla o de practicarla.

Conceptualizado por el sociólogo Pierre Bourdieu, La violencia simbólica “no mata cuerpos, pero esclaviza mentes, lo cual en cierta manera es un modo de morir en vida”.

Una vez que se hace evidente, la violencia simbólica permite comprender los efectos reales que dan sentido a las jerarquías de género. Aquí dos ejemplos:

En la reproducción del amor romántico

El concepto de amor romántico que se reproduce desde los grandes relatos literarios, hasta las historias más básica de las telenovelas, reality shows y algunas películas, contienen una carga de mitos que fomentan experiencias de amor idealizadas y construidas con una disposición a la tragedia.

Asumimos, como lo plantea la antropóloga Marcela Lagarde, “que un componente ineludible del amor es el sufrimiento y así el sufrimiento amoroso se convierte en una virtud que impide a muchas mujeres darse cuenta de que ser víctimas ni es una virtud ni es positivo”

Si observamos las relaciones amorosas que se establecen entre personajes de telenovelas mexicanas podremos dar cuenta que todos encierran expresiones de dominio, propiedad y  lazos de dependencia que privilegian a los varones y nutren algunos mitos que intentan justificar la violencia contra las mujeres: “la maté porque era mía”, “la maté porque no era mía”, “es un crimen pasional”, “lo hice por  amor”.

Por otra parte, los medios de comunicación, en general, atribuyen la felicidad, el éxito, autoestima y valoración social de una mujer a la compañía de una pareja. En los de reality shows las mujeres se pelean por el cariño de un hombre, mientras que en programas destinados a “amas de casa” se aconseja conservar “el  sagrado matrimonio” (a pesar, incluso, de la vida misma), en tanto, en las telenovelas podemos observar historias con villanas memorables que terminan en la cárcel o enloquecidas tras un amor frustrado.

La cultura del amor romántico que se promueve  asienta la idea del amor incondicional y sacrificado con un elevado grado de renuncia a la vida propia: “no importa que no nos amen, lo que vale es el amor por el otro”, “te amo más que a mi propia vida”, “sin ti no soy nada”.

Este orden social, patriarcal y androcéntrico, instala simbólicamente relaciones de poder que posterga la libertad de las mujeres y admite que al mismo tiempo consientan la violencia contra ellas. Bajo sus efectos dramáticos, traducido muchas veces como desamor, desembocan crímenes contra ellas, algunos evidentes y otros encubiertos como suicidios, como lo vimos recientemente en los medios de comunicación con el caso de Gabriela Hernández Guerra, una mujer de Veracruz que anunció por Facebook que se suicidaría tras un rompimiento amoroso.

Y aquí es pertinente aclarar que a pesar de que el suicidio en mujeres no es tratado como un feminicidio, la gran mayoría de mujeres que deciden terminar con su vida se ven influenciadas por una vida cargada de violencia sistemática. De acuerdo a datos del INEGI, diversas investigaciones indican que son las mujeres quienes con mayor frecuencia presentan tanto la idea como el intento suicida  y entre los factores de riesgo que se encuentran asociados a esta conducta se encuentra la violencia contra ellas.

En la construcción de la belleza

Los esquemas de pensamiento universal respecto al cuerpo de las mujeres operan con la violencia simbólica en la televisión. A las mujeres se les ve altas, delgadas, voluptuosas, de tez blanca y, en la medida de lo posible, sin ningún atisbo de rasgos indígenas. La televisión premia de manera simbólica a quienes constituyen un estereotipo hegemónico de la belleza, a las que no, se les relega a espacios secundarios o en personajes  incidentales que encarnan trabajadoras domésticas o personas humildes dentro de la historia.

El sentido de la cosmología sexuada exige a las mujeres una belleza artificial que las orilla, entre otras cosas, a realizarse operaciones estéticas que ponen en riesgo su vida, a sufrir trastornos alimenticios y a la reducción de una imagen que anula sus cualidades humanas y les otorga valor a partir de la satisfacción de los varones. Dentro de estos estándares de belleza no ser “bonita” puede ser motivo de discriminación y baja estima. Por ello, no es casualidad que México ocupe el segundo lugar en el mundo en la práctica de cirugías estéticas (después de Estados Unidos y antes que Brasil), según cifras de la asociación Mexicana de Cirugía Plástica, Estética y reconstructiva (AMCPER), y el segundo lugar en cirugías realizadas por personas no capacitadas, razón por la que existen al menos, 15 mil personas sufriendo de los efectos adversos tras someterse a supuestos procedimientos estéticos que derivan en deformidades, amputaciones o pérdida del tejido.

Es a través del cuerpo como se define la participación de las mujeres no solo en los programas televisivos y en su publicidad, también en la interacción social. Se mercantiliza el cuerpo cuando se les desnuda como recurso publicitario de productos dirigidos a varones como cervezas, autos, perfumes, entre otros. De este modo, el mensaje que la televisión envía a los hombres respecto al cuerpo de las mujeres es totalmente distinto: a ellos les simboliza un trofeo (que puede ser comprado) y a ellas una imperiosa exigencia.

@Anel FloresCruz

 

Referencias

Pierre Bourdieu  (2000),  El sentido práctico. Siglo veintiuno editores. Buenos Aires. Pág. 57

Lagarde Marcela (2005), Para mis socias de la vida. México 2005, Pág. 433.

INEGI 2013, “Estadísticas a propósito de Día mundial para la prevención del suicidio”, recuperado en: http://www.inegi.org.mx/inegi/contenidos/espanol/prensa/Contenidos/estadisticas/2013/suicidio0.pdf

El Universal 2010, “Las diez cirugías plásticas más solicitadas de México”, recuperado en: http://de10.com.mx/9378.html

 

 

 

 

 

 

 

 

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