círculodelectura

Anel Flores Cruz

A lo largo de nuestra experiencia de vivir como mujeres adquirimos una serie de mensajes con mandatos en torno a la condición femenina, de lo que se premia y castiga en una sociedad tan machista como la nuestra. Difícilmente las mujeres logran calzar la idea de “buena mujer”, algunas lo intentan persistentemente; hay quienes mueren en el intento (literal); otras lo padecen desde sus cautiverios: las monjas, las putas, las presas, las locas… y otras, conscientes de lo que sucede, intentan desenmarcarse, y desde un sitio distinto se debaten entre las formas tradicionales y modernas de ser mujer, se buscan, se reinventan y se definen -en estas últimas nos hayamos quienes integramos este círculo de lectura.

Así, desde nuestra diversidad observamos las muchas posibilidades de ser humanas.

Sin duda, los libros, como puentes de comunicación, nos han permitido encontrarnos con mujeres de otras tierras y otros tiempos, nos ha permitido ver nuestros fantasmas y nuestras contradicciones, pero también es cierto que sin las herramientas que nos brinda el feminismo no podríamos hacer la lectura de nuestras opresiones personales y colectivas. No podríamos, por ejemplo, reivindicar este espacio (el círculo de lectura) desde la autonomía, ni explicar por qué para las mujeres el acto de leer puede resultar emancipador, que el hecho de reunirnos periódicamente a comentar las lecturas, representa una tipo de subversión a la feminidad tradicional y a la idea de que entre mujeres no podemos tener pactos.

Asumirse feminista en estos tiempos no es tan peligroso como antes, a los ojos de muchas personas, sigue siendo un acto de sedición y no de justicia, pero cuando se cuenta con una red como la nuestra, la tarea es más fácil y placentera.

Y bueno, podría seguir enumerando las bondades y privilegios que brinda este colectivo, pero me gustaría compartirles algunas expresiones de mis compañeras y ahora colegas de la vida respecto a este espacio y sus aprendizajes:

“El círculo son estas mujeres, en un principio desconocidas, que he venido queriendo, sintiendo, acercando más a mi corazón y mi razón…es un  reto personal y colectivo, es mirarme en el espejo y comenzar a ser feliz con lo que miro.”

“Es un espacio acogedor en el que puedo ser yo misma y compartirme con otras mujeres, en el que podemos ser lo mismo críticas intelectuales, que expresivas creativas, que apoyo moral y emocional”.

“Me gusta leer entre mujeres a otras mujeres porque mi mirada está más abierta y mucho más alerta a una reflexión constante que busco llevar a mi cotidiana. Porque leernos entre mujeres es una toma de libertad y un respiro de esperanza.”

“El círculo reúne diferentes mundos en uno mismo”.

“Ha significado un escape de la vida diaria por vías inimaginables, significa la reivindicación de mi identidad como persona, el resignificando de una vida que consideré intrascendente”.

“El caminar es más liviano cuando se cuenta con las cómplices más venturosas y la lectura te enseña más cuando es compartida.”

“A nivel intelectual me ha despertado el interés de leer a autoras que no conocía, he sentido más cercana la literatura en mi vida. He aprendido a ser tolerante”.

“En el círculo conocí el feminismo, no desde el discurso, sino desde la práctica”.

“He aprendido a querer, confiar y compartir. Tres cosas que son difíciles de lograr todas al mismo tiempo.”

“Es un espacio de reencuentro, sanación, reflexión, acompañamiento, pero sobretodo de empoderamiento.”

“Pude abrirme a compartir mi propia historia entrecruzada con cada lectura de los libros que vamos revisando, entre mezcales y/o vino que también hemos degustado, con placer y algarabía.”

“Es un espacio seguro, libre, cordial y amoroso. Es un sueño hecho realidad, para muchas que leímos muchos años en soledad, representan al conjunción de un ejercicio solitario que genera placer individual y colectivo.”

 

Por nosotras mismas

FELIZ SEGUNDO ANIVERSARIO

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