Publicado en septiembre 9, 2013

“Es momento de perder miedo al feminismo, el feminismo no es el ogro que está causando estos problemas, es una teoría que habla de cómo solucionarlos”: Alda Facio

Anel Flores Cruz/

Tras los recientes crímenes en contra de las mujeres en la entidad y la permanente exposición mediática del fenómeno, el tema de violencia contra las mujeres y feminicidios sigue presente en la agenda pública del estado. De manera aparente ha existido respuesta por parte de quienes representan los tres poderes del estado, respuestas que se deben en gran medida a los acontecimientos mediáticos, más que a los acontecimientos genuinos del fenómeno.

En torno a este tema, hace 11 días en la capital del estado, fue invitada (por parte de instituciones públicas y organizaciones civiles) a ofrecer una conferencia la abogada experta, feminista y costarricense Alda Facio. Tras un panorama descriptivo del fenómeno, la jurista señaló la necesidad de considerar el feminismo como una teoría que da luces para la solución de este problema que afecta no solo a las mujeres, sino a la población en general.

Facio, apuntó que estamos viviendo un momento crítico como humanidad, en el que la mayoría de los problemas sociales atraviesa por una relación desigual entre mujeres y hombres, incluso los problemas que tiene relación con la naturaleza. “Es momento de perder miedo al feminismo, el feminismo no es el ogro que está causando estos problemas, es una teoría que habla de cómo solucionarlos”. Expresó que a pesar de ser una de las teorías más vilipendiadas, no hay mujeres que deban casi todos sus derechos a los movimientos feministas.

Pero, ¿cómo confiar en un movimiento que cuenta con una larga trayectoria de desprestigio social?

Las ideas erradas en torno al feminismo y a las feministas enuncian no solo la profunda ignorancia de sus aportaciones a la humanidad, son también expresiones innegables de una sociedad androcéntrica y patriarcal en donde una parte de sus habitantes teme a perder sus privilegios y crea mecanismos para que esto no suceda, con el apoyo incluso de las mismas mujeres.

Decir que eres feministas en este contexto social se convierte en una amenaza: “está amargada”, “le ha ido mal en la vida”, “odia a los hombres”, “es vengativa”, “es lesbiana”, “es que como es fea”, entre otros. Los mitos comunes que giran en torno al feminismo han obstaculizado el desarrollo de las naciones, el estigma reflejado en la sociedad y en sus gobiernos ha imposibilitado considerar las herramientas conceptuales de sus fundamentos teóricos para superar las brechas de desigualdad y ha ocultado por tanto sus contribuciones en el tema de los derechos humanos.

La historia de la humanidad no dejará mentir que con el transcurso de los siglos las mujeres feministas de todo el mundo —en diferentes momentos— han luchado por derechos con los que no nacieron, a diferencia de los varones, como el derecho a la educación formal, al sufragio, al divorcio, al uso de métodos de anticoncepción, entre muchos otros. Y de manera reciente, en los años setenta, el tema de las mujeres, una vez que fue puesta en la agenda política internacional, gracias a las feministas de ese entonces, trajo consigo aportes conceptuales que explican los “malestares” que no permiten el avance de cualquier sociedad, como la violencia de género.

Al respecto Alda Facio explica que apenas tenemos 20 años de celebrar que los derechos humanos de las mujeres también fueran considerados derechos humanos, esto a raíz de la II Conferencia Internacional sobre Derechos Humanos, Viena, 1993, en donde se marcó un hito en la defensa de los derechos de las mujeres, pues por primera vez en una cumbre mundial fue tratado como un tema independiente y central. En esta conferencia la comunidad internacional reconoció que los mecanismos existentes para la protección de los derechos humanos eran insuficientes y en muchas ocasiones no adecuados a las realidades particulares que enfrentan las mujeres.

Si bien las intenciones normativas políticas, internacionales y nacionales, en materia de derechos han sido un avance para el desarrollo de las mujeres, el problema se presenta cuando los Estados, como México, traen consigo una tradición política de corrupción e impunidad que se fortalece con la subjetividad machista de quienes lo representan, basta con hacer un recuento de las recientes declaraciones de nuestros políticos mexicanos.

¿Qué quieren las feministas, qué quiere el feminismo?

Igualdad. El concepto de igualdad tergiversado también se convierte en una fuente de menosprecio por el feminismo. Se dice de manera ingenua que las mujeres no podrán ser jamás como los hombres por sus condiciones biológicas, confundiendo el término diferencia con desigualdad social, este argumento (de los más comunes) discutido desde la teoría de género, apunta que la diferencia biológica no tendría que provocar que algunos seres humanos valgan menos que otros. El concepto de igualdad rebasa cualquier expresión en torno a la biología, la igualdad de la que hablan las feministas no hace referencia a la igualdad identitaria, es más bien una meta social que recupera los principios de justicia: igualdad de derechos, de condiciones, de trato y de oportunidades. “La mitad del cielo, la mitad de la tierra, la mitad del poder”.

A partir de estas ideas, vale la pena que las instituciones que se encargan de legislar, operar las políticas públicas del estado y sancionar los actos violentos y feminicidas contra las mujeres, confíen en las herramientas conceptuales que ofrece el feminismo. La experiencia nos ha demostrado que en el interior de los gobiernos existe un desconocimiento de la perspectiva de género (concepto derivado del feminismo en los años setenta) y del concepto de igualdad. Existe también un sesgo de género, expresado por la misoginia, machismo y sexismo, que atraviesa las actitudes y decisiones por parte de quienes se encargan de diseñar políticas públicas y de impartir justicia.

No basta la voluntad política enunciada en firmas y acuerdos, se trata también de un asunto ético, en el que involucradas e involucrados tiene que reconocer la ignorancia respecto al tema y crear mecanismos que posibiliten mejorar el trabajo con el que debieron comprometerse desde el inicio de su administración. No se trata de improvisar, la violencia contra las mujeres es un tema complejo, exige en primer lugar sistemas de registros que nos aproxime al fenómeno, y sobre todo, exige la recuperación de documentos internacionales normativos como la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discrminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés), que ofrece herramientas para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres.

Por otra parte, en Oaxaca, las tareas pendientes con las mujeres no solo tienen que ver con el asesinato sistemático contra ellas, la violencia feminicida, de acuerdo a la Ley de Accceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia se define como “la forma extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos, en los ámbitos público y privado, conformada por el conjunto de conductas misóginas que pueden conllevar impunidad social y del Estado y puede culminar en homicidio y otras formas de muerte violenta de mujeres”.

La violencia contra las mujeres se expresa de formas ocultas y simbólicas en todos los espacios de interacción social, en la familia, en la iglesia, en las escuelas, en las dependencias públicas, en la milicia y en los medios de comunicación. Un Estado violenta a las mujeres cuando las deja morir por abortos mal practicados, cuando pacta con la iglesia católica para no legislar a favor del aborto, cuando no crea mecanismos de salud para que las mujeres no sigan muriendo durante su maternidad, cuando permite que los medios de comunicación utilicen a las mujeres como objeto sexual, cuando en el interior de sus instituciones se utiliza el cuerpo de las mujeres para promover el turismo en Oaxaca, cuando permite que las mujeres sean vendidas en alguna regiones del estado, cuando, a pesar de saber dónde se encuentran los lugares en los que se se trafica con mujeres, no hace nada, cuando no ilumina las calles oscuras por las que pasan las mujeres trabajadoras, cuando reproduce en sus políticas roles y estereotipos que oprimen a las mujeres, cuando permite que personas con antecedentes penales de violencia ocupen cargos importantes en el interior de su gobierno, cuando tras un abuso sexual cuestiona a las mujeres sobre su vida personal o su vestimenta, y sobre todo, cuando no reconoce existe un problema grave en su estado.

 

 

 

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